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Un reloj inteligente orientado a la salud registra de forma continua datos como la frecuencia cardiaca, los pasos, las calorías estimadas, las fases del sueño y, según el modelo, la saturación de oxígeno (SpO2), la variabilidad de la frecuencia cardiaca o un electrocardiograma de una derivación. Su utilidad real está en observar tendencias: cómo cambia tu pulso en reposo con el entrenamiento o cuánto duermes de media.
Casi todos miden pulso y sueño. Si te interesa el ECG, comprueba que la función esté habilitada en España para ese modelo, porque depende de autorizaciones por país. Para correr o hacer rutas, busca GPS integrado, mejor si es multibanda.
Es la gran diferencia entre familias de relojes. Algunos necesitan carga diaria y otros aguantan una o dos semanas. Si quieres medir el sueño, una batería larga facilita llevarlo también por la noche.
Ciertos relojes solo funcionan plenamente con iPhone o con Android. Revisa también si la app exporta datos a Apple Salud o Health Connect y si hay funciones que requieren suscripción.
Las pantallas AMOLED se ven mejor; las transflectivas consumen menos y se leen bien al sol. El peso y la correa importan si lo llevarás 24 horas.
Para quien quiere seguir su actividad, mejorar sus hábitos de sueño o entrenar con datos. Las mediciones de un reloj no sustituyen a un aparato médico ni a la valoración de un profesional sanitario.
En reposo suele ser razonable, pero los sensores ópticos pierden precisión con movimientos bruscos o una correa floja. Úsala como referencia, no como diagnóstico.
Depende del modelo y de su autorización en cada país. Consulta la ficha del fabricante para España.
Si quieres medir el sueño, varios días de batería resultan mucho más cómodos que una carga diaria.
Busca resistencia de 5 ATM o superior y modos específicos de natación.